jueves, 4 de julio de 2019
martes, 4 de abril de 2017
Un mal día
¿Alguna
vez has tenido un día de esos en los que abres los ojos y sientes
que necesitas volver a cerrarlos? Piensas que quizás no habrás
dormido bien. Culpas a la almohada y a la cena. Cierras los ojos y
duermes un poco más. Despiertas y ahora lo sientes, no hay nada por
lo que salir de la cama. Tienes mil y una cosas por hacer, pero hoy
solo te apetece estar en la cama, sola.
Cientos
de dudas te recorren la cabeza, hoy solo ves problemas que dan mucho
miedo. Aún así, no te queda mas remedio que levantarte. Situaciones
cotidianas comienzan a provocarte ansiedad; te das por vencida y
vuelves a la cama. Ya estás en tu zona de confort, ahora comienzas a
estudiar tu pasado y curiosamente solo recuerdas los errores. Piensas
en los últimos días, los repasas y buscas la causa de tu aflicción;
se te ocurren unas cuantas.
Sales
fuera, necesitas tomar aire fresco, hace un viento horrible, el cielo
está gris y hace bastante frío ¿estará el mundo hoy en tu contra?
Te distraes un rato pero al poco tiempo vuelven todos esos
sentimientos, esa desidia, esa melancolía, ese pesar. Vuelves al
cuarto.
Llega
la noche, todo sigue igual; has pasado prácticamente todo el día
deprimida y te maldices por haber desperdiciado el día. Ha sido un
día de mierda y lo sabes, pero también eres consciente de que
mañana volverás a tener otra oportunidad, volverá a salir el Sol.
Decides encomendarte al dios Morfeo.
Siempre
habrá días así, días difíciles que se hacen cuesta arriba. Pero…
¿y si no existieran esos días tan horribles? Es necesario
recapacitar sobre esas acciones que te pesan, reflexionar si tienes
lo que realmente quieres, si eres feliz y qué puedes hacer para
seguir siéndolo o llegar a serlo. Sin esos días malos seguramente
no apreciaríamos lo suficiente los buenos momentos ni las personas
que nos hacen felices. Pide perdón, di te quiero, da las buenas
noches y sigue aprendiendo segundo a segundo. No te agobies por el
futuro; vendrá lo que venga, pasará lo que pase y tú seguirás
empapándote de buenos momentos. ¡Siempre resurgirás de tus cenizas
como el gran Fénix que eres!
Una inmortal
jueves, 7 de abril de 2016
Una noche más.
Te quiero valiente; valiente para decir lo que eres, sientes y deseas. Valiente para desvelar tus tormentos y saber afrontar los problemas. Valiente para besar sin arrepentimiento y para abrazar con todas tus fuerzas. Valiente para distinguir quién de verdad merece la pena, disfrutar de tus personas y apartar a los problemáticos.
Te quiero valiente para gritar frente a las injusticias, para luchar por un futuro. Valiente para seguir avanzando a pesar del lastre que se empeñan en agregarte. Valiente para ser consciente que nada es para siempre, ni lo malo ni lo bueno y aún así, avanzar.
Te quiero valiente para bailar frente a los obstáculos. Valiente para mirarte al espejo sin desviar la mirada directa a tus ojos.
Te quiero valiente para apreciar el mas mínimo detalle. Valiente para disfrutar la vida. Valiente para ser feliz.
Una inmortal.
jueves, 18 de febrero de 2016
Mi fe.
Busca un motivo por el que seguir adelante, porque aunque nuestra vida sea corta, será intensa y valdrá la pena cerrar los ojos para descansar. La vida es un regalo, una oportunidad. Las cartas ya están repartidas, ahora solo falta jugar y divertirte. Sonríe, ama, perdona, baila, grita, fuma, consiente, enamora, mima, malcría y sobre todo; sé feliz. No olvides jamás que mientras alguien te recuerde, no habrás muerto. Haz que valga la pena cada segundo, cada instante, cada abrazo, cada sonrisa y cada beso. Haz alguna locura, disfruta de la libertad y piérdete en la sonrisa de quien amas. No pienses en el final porque la jugada acaba de comenzar, nunca es tarde.
Soy insistente, lo sé, ama, ama y vuelve a amar. Pues al menos en mi caso no he conocido sensación superior a la del amor. Haz que la existencia de los que quieres no pase sin pena ni gloria. Haz que cada miedo se desvanezca con un abrazo. Consigue que se ría a carcajadas, que un "te quiero" sea suficiente para alegrar el día. Dibuja recuerdos inolvidables y recuerda como te sentiste durante aquellos momentos.
Perdona, perdona cada error cometido pues tu también los cometerás. Perdona no por simplemente perdonar; perdona para sanar tus heridas y las de los demás. No ahogues tus días pensando en desgracias, porque lo peor, es que estás aumentando el tiempo desperdiciado.
No sigas el patrón que otro marcó, marca el tuyo propio y siéntete orgulloso de ello. Alguno tuvo que ser el primero, ¿no?
Ayuda, apoya, protege y defiende. Echa una mano a ese señor a subir al autobús, devuelve esa cartera que se le ha caído a aquella mujer. No hagas oídos sordos ante ese maltratador que es tu vecino, compañero de trabajo, familiar o desconocido. Tus palabras pueden devolver la chispa a muchas personas...
No juzgues, valores o menosprecies la vida de otro. Distinta raza, etnia, religión, sexo, nacionalidad, sexualidad, color de piel o número de zapato. Aprecia y conoce las diferencias, aprende y disfrútalas; son maravillosas.
Mira por la ventana y contempla la cuidad de noche, imagina lo que estará pasando ahí fuera. Contempla las luces y sus reflejos y duerme, descansa.
Una inmortal.
martes, 11 de agosto de 2015
Miedo
Todos tenemos miedos, algunos irracionales, otros reales; miedo a la soledad, al rechazo, a cualquier cambio. A veces parten de un hecho concreto, a veces de una simple idea. En ocasiones nos desvelan, nos quitan el apetito, hasta llegan a dejarnos secuelas físicas.
A veces nos levantamos pensando en ese temor, ese agobio que produce la sensación de impotencia ante el peligro, el miedo en su mas sencilla forma; el desconocimiento, la incertidumbre. Ese sentimiento que te paraliza, te abraza y te nubla la visión; ya no sabes si lo que ves es verdaderamente cierto, o si tus ojos siguen cerrados en la realidad.
Tanto miedo te acaba volviendo loco... Loco porque sin haber actuado, tu cabeza ya ha sufrido la pérdida que provocaría tu paso adelante; y tan siquiera has cruzado la línea de salida. Loco porque esperas diferente resultado de un mismo hecho. Loco porque sabes que darías todo por que esa sensación se esfume; esa sensación que esta dentro de ti, que es totalmente irracional y que sabes que si lo dices en voz alta te darás cuenta del gran error que sería.
Poco a poco esa madeja se va desenredando y vas comprendiendo tus temores, tus fobias, tus miedos; tu esencia. Eres lo que otro ha querido que seas; a mi me hicieron dependiente, inestable, confusa... aunque también fuerte, soñadora, valiente, responsable y comprometida.
Prometo que por cada granito de miedo intento poner dos alguna virtud. No voy a darte la respuesta a cómo superar el miedo, si la encuentras espero que me la digas, pero solo voy a decirte que cualquier temor es reemplazable, con esfuerzo, tiempo y pensamientos positivos ese temor irá atenuándose como la llama de una vela. Aprende a conocerte con miedos y virtudes, así comenzarás a amarte. Amate como nadie nunca lo hará. Aceptate y entiende que tu no has elegido ser así, solo eres el resultado de las decisiones de otros, decisiones que no podrás cambiar pero si podrás aprender a vivir con ellas. Acabarás deseándole buenas noches a tus miedos y al despertar y ver un nuevo día, seguirás afrontando y solucionando, además de alegrar la vida de otro con tu sonrisa.
Mírate las manos y comprende que solo tus decisiones podrán llevarte a donde realmente quieras. Con la maleta cargada de miedos y de esperanza; con la ansia de ser feliz y con el lastre del pasado, aunque el camino sea laborioso merecerá la pena haber nacido de esos miedos.
Una inmortal
A veces nos levantamos pensando en ese temor, ese agobio que produce la sensación de impotencia ante el peligro, el miedo en su mas sencilla forma; el desconocimiento, la incertidumbre. Ese sentimiento que te paraliza, te abraza y te nubla la visión; ya no sabes si lo que ves es verdaderamente cierto, o si tus ojos siguen cerrados en la realidad.
Tanto miedo te acaba volviendo loco... Loco porque sin haber actuado, tu cabeza ya ha sufrido la pérdida que provocaría tu paso adelante; y tan siquiera has cruzado la línea de salida. Loco porque esperas diferente resultado de un mismo hecho. Loco porque sabes que darías todo por que esa sensación se esfume; esa sensación que esta dentro de ti, que es totalmente irracional y que sabes que si lo dices en voz alta te darás cuenta del gran error que sería.
Poco a poco esa madeja se va desenredando y vas comprendiendo tus temores, tus fobias, tus miedos; tu esencia. Eres lo que otro ha querido que seas; a mi me hicieron dependiente, inestable, confusa... aunque también fuerte, soñadora, valiente, responsable y comprometida.
Prometo que por cada granito de miedo intento poner dos alguna virtud. No voy a darte la respuesta a cómo superar el miedo, si la encuentras espero que me la digas, pero solo voy a decirte que cualquier temor es reemplazable, con esfuerzo, tiempo y pensamientos positivos ese temor irá atenuándose como la llama de una vela. Aprende a conocerte con miedos y virtudes, así comenzarás a amarte. Amate como nadie nunca lo hará. Aceptate y entiende que tu no has elegido ser así, solo eres el resultado de las decisiones de otros, decisiones que no podrás cambiar pero si podrás aprender a vivir con ellas. Acabarás deseándole buenas noches a tus miedos y al despertar y ver un nuevo día, seguirás afrontando y solucionando, además de alegrar la vida de otro con tu sonrisa.
Mírate las manos y comprende que solo tus decisiones podrán llevarte a donde realmente quieras. Con la maleta cargada de miedos y de esperanza; con la ansia de ser feliz y con el lastre del pasado, aunque el camino sea laborioso merecerá la pena haber nacido de esos miedos.
Una inmortal
viernes, 7 de noviembre de 2014
Mi tartamudez. Capítulo 1
Hace unos días me di cuenta, estoy recobrando fuerzas para cerrar capítulos de mi vida que aún tenia pendiente. Va siendo hora de aceptarme y quererme tal como soy. Que difícil es quererse a sí mismo ¿cierto? pues hoy lo he hecho, he puesto música, he bailado, he cantado y he llorado. He echado de menos a alguien y me he enamorado un poquito mas de otra persona. He conocido gente nueva fantástica y estoy echándole cojones a la vida porque había llegado a un punto donde no podía permitirme hundirme mas. Han pasado tantas cosas en tan pocos días que me siento asustada y a la vez orgullosa de mi misma. Y algunos os preguntaréis cuáles pueden ser los motivos por los que una chica de veinte años puede estar tan preocupada, pues bien allá voy:
Todo comenzó con nueve o diez años. Siempre fui una niña muy charlatana a la que le encantaba hacer reír a sus compañeros de clase y por cierto, muy valiente; de esas niñas que preguntan y participan constantemente en clase (recuerdo competir con un amigo para ver quién leía mas rápido). Pues bien, a los nueve años todo cambió. Tuve que pasar junto con mi familia por una muy difícil situación de la que a día de hoy todos seguimos marcados de una forma u otra. Comencé a tartamudear. Lo que antes me divertía y hasta me ofrecía voluntaria para ello (leer en clase) comenzó a darme un miedo terrible, no quería que nadie se burlase de aquello. Sudores fríos, nerviosismo, el corazón a mil por hora...y todo aquello tan siquiera habiendo comenzado a leer. Poco a poco el miedo aumentó y comenzó a manejar mi vida diaria. Había niños que se burlaban y, claro, me creó mas y mas ansiedad. Después el instituto,que odiable época de la que aún no consigo salir. Tuve algunos profesores muy comprensivos, otros simplemente no se como les permitían ejercer. "¿Qué te pasa en la boca?" "venga que tenemos prisa" "tú no; alguien que lea rápido" y todo palabras de profesores... Un maldito profesor en 3º de la ESO después de preguntar si me pasaba algo en la boca y verme llorar siguió su clase sin importarle lo mas mínimo lo que me había hecho sentir; ahí fue cuando perdí el interés por los estudios.
Tantas cosas que decir y no poder generar un solo sonido, una simple silaba... La impotencia de querer hablar y no ser capaz por miedo; ese miedo tan irracional. El sentimiento de inutilidad que te inunda cuando no eres capaz de acabar una frase y otro lo hace por ti. Nos queda demasiado por aprender con respecto a la tartamudez pero vamos a empezar por normalizarla y aceptarla. Yo, hoy día 7 de Noviembre de 2014, puedo decir que me estoy aceptando poco a poco y estoy superando miedos y barreras que me impedían hacer mi vida con normalidad. Al fin y al cabo yo no elegí tartamudear pero si hablar y tengo muchas, muchas cosas que decir.
Una inmortal
Todo comenzó con nueve o diez años. Siempre fui una niña muy charlatana a la que le encantaba hacer reír a sus compañeros de clase y por cierto, muy valiente; de esas niñas que preguntan y participan constantemente en clase (recuerdo competir con un amigo para ver quién leía mas rápido). Pues bien, a los nueve años todo cambió. Tuve que pasar junto con mi familia por una muy difícil situación de la que a día de hoy todos seguimos marcados de una forma u otra. Comencé a tartamudear. Lo que antes me divertía y hasta me ofrecía voluntaria para ello (leer en clase) comenzó a darme un miedo terrible, no quería que nadie se burlase de aquello. Sudores fríos, nerviosismo, el corazón a mil por hora...y todo aquello tan siquiera habiendo comenzado a leer. Poco a poco el miedo aumentó y comenzó a manejar mi vida diaria. Había niños que se burlaban y, claro, me creó mas y mas ansiedad. Después el instituto,que odiable época de la que aún no consigo salir. Tuve algunos profesores muy comprensivos, otros simplemente no se como les permitían ejercer. "¿Qué te pasa en la boca?" "venga que tenemos prisa" "tú no; alguien que lea rápido" y todo palabras de profesores... Un maldito profesor en 3º de la ESO después de preguntar si me pasaba algo en la boca y verme llorar siguió su clase sin importarle lo mas mínimo lo que me había hecho sentir; ahí fue cuando perdí el interés por los estudios.
Tantas cosas que decir y no poder generar un solo sonido, una simple silaba... La impotencia de querer hablar y no ser capaz por miedo; ese miedo tan irracional. El sentimiento de inutilidad que te inunda cuando no eres capaz de acabar una frase y otro lo hace por ti. Nos queda demasiado por aprender con respecto a la tartamudez pero vamos a empezar por normalizarla y aceptarla. Yo, hoy día 7 de Noviembre de 2014, puedo decir que me estoy aceptando poco a poco y estoy superando miedos y barreras que me impedían hacer mi vida con normalidad. Al fin y al cabo yo no elegí tartamudear pero si hablar y tengo muchas, muchas cosas que decir.
Una inmortal
miércoles, 1 de octubre de 2014
El señor del autobús
Hoy al salir de clase cogí el autobús para ir a casa y estaba bastante lleno así que me tuve que quedar cerca del chófer. Me di cuenta que cerca de los asientos reservados para ancianos la gente no pasaba,se quedaba parada como si hubiese algo que no les permitiesen pasar.
Poco a poco el autobús se fue vaciando y pude ver cuál era la razón de ese atasco. Un señor de unos 45-50 años con aspecto de indigente estaba sentado en uno de estos asientos comiendo un pequeño bocata de tortilla. ¿Qué es lo primero que se te pasa por la cabeza? "A ver la que lía este..." o "seguro que va borracho".
La gente seguía bajando del autobús; y al observar a aquel señor me sentí avergonzada por haber pensado aquello (todos lo pensaron porque no querían ni pasar por su lado). Tenía temblor en las manos, aspecto solitario, pelo rizado y muy oscuro. Llevaba una chaqueta vieja, pantalón de pinzas y zapatillas deportivas. Me dí cuenta que estaba aseado, probablemente enfermo (no podía incorporarse y debía tener algún problema en los brazos) y que recogía las migajas que se le caían a la ropa y a su maleta; situada en el suelo entre sus piernas.
Una señora sentada frente suya hablando con su hijo se quejaba de que habían cambiado el recorrido del autobús por obras y preguntaba por dónde tiraría. El señor al escucharla le dio la respuesta a su pregunta y la señora simplemente lo ignoró.
Esta es la sociedad en la que vivimos; dónde juzgamos a simple vista, nos guiamos por la apariencia sin dejar lugar a dudas. Una sociedad donde nos aterrorizamos si vemos un indigente en el autobús que cogemos todos los días. Una sociedad que hace oídos sordos a las necesidades de las personas. Una sociedad donde tristemente no valoramos por encima de todo a la persona. Solo juzgamos los trapos que nos ponemos.
Yo, con un nudo en la garganta me bajé del autobús en cuanto pude; todo era demasiado triste.
Una inmortal más.
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